Madre Deportada, la historia de Monserrat.

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“Cuando me deportaron  y me separaron de mis hijos me sentí muerta en vida, todo lo que creía y sentía perdió sentido, estaba destrozada…”

Monserrat (35) es de Guanajuato, México. Su vida cambió para siempre luego de que la deportaran de los Estados Unidos y la separaran de sus hijas.

Monserrat Godoy

El sueño americano y el deseo de una mejor vida obligaron a Monserrat a migrar a los Estados Unidos en busca de lo que México no le podía dar.

Con tan sólo 16 años formó pareja con un hombre -unos años mayor- quien durante las primeras etapa de convivencia actuaría de forma violenta y sin control. Los golpes y maltratos le provocan un aborto que marcaría definitivamente la vida de Monserrat.

La historia de Moserrat es la historia de muchas mujeres, una historia de dolor pero también momentos de alegrías.

Esta es la historia de una mujer que nunca perdío las esperanzas, llama que aún hoy-después de mucho tiempo- mantiene encendida con el único deseo de reencontrarse con sus hijas.

Una historia de lucha

El deseo de una mejor vida empujo a la familia de Monserrat a migrar a los Estados Unidos. Fue en ese momento en donde renunciaron a todo en México y se sumaron a los miles de personas que cada año intentan cruzar la frontera para llegar al “ otro lado”.

Con el claro deseo de salir adelante logran migrar a los Estados Unidos, se instala en Carolina del Norte en donde vive en una propiedad de la familia de la pareja de ella.

Durante los primeros años Monserrat fue víctima de violencia de género, dos abortos provocados por la brutalidad de los golpes hicieron de su estadía en los Estados Unidos un infierno. Esta violencia no solo provenía de su pareja, sino también de los familiares del mismo que se encontraban conviviendo en la mismo lugar.

“Gritos, golpes, insultos eran moneda corriente en mi vida.”

Monserrat dividía sus días entre los tareas del hogar y el trabajo en tres fábricas distintas.

Para ella no había descanso, el deseo de salir adelante era más poderoso que cualquier sentimiento. Luego de un tiempo, y a pesar de que el médico había confirmado la imposibilidad de concebir,  Monserrat queda embarazada de su primer niña. No todo estaba perdido, y pesar de la violencia continúa una niña traería vientos de cambio.

Cuando su niña cumple un año de vida deciden mudarse a otra casa, lugar que serviría para mejorar la relación con su pareja, aun a sabiendas de que esa relación no tenía un buen futuro.

La violencia y el acoso eran constantes. Los golpes y los gritos se volvieron parte de lo cotidiano y mientras el tiempo pasaba se naturalizaba todo como parte de la vida de la familia.

Al cabo de un tiempo, vuelve la luz a la vida de Monserrat, y queda embarazada de su segunda hija.

Pero ni siquiera la llegada de un nuevo hijo pudo detener los celos enfermizos, los golpes y los insultos. La relación se deterioró aún más y la convivencia se hizo insoportable.

Una noche, cargado de ira la pareja de Monserrat, la hecho a la calle y en consecuencia terminó durmiendo en un refugio con sus dos niñas esperando que de alguna manera todo tuviera una solución.

Pero como en toda relación que se vuelve enfermiza ambos toman la decisión de volver a estar juntos para “ salvar” la familia.

Nada cambió, y las cosas se pusieron aún peor. La violencia continuó tanto hasta el punto que -luego de varias denuncias- el departamento de seguro social amenazó con quitarle las niñas si la violencia en el hogar no cesaba.

“ Luego de una discusión el me pegó en la nariz y me la fracturó, una de mis niñas llamó al 911 y lo detuvieron. Estuvo al borde de ser deportado, pero para su suerte la familia logró pagar la fianza. Incluso después de aquel episodio tenía esperanzas de que pueda cambiar”

La violencia llegó a su punto máximo cuando él le puso una pistola en la cabeza diciéndole que se marchara o la mataría. Luego de tantas escenas de violencia fisica y psicologica Monserrat toma la decisión de volver a México con sus niñas.

En la casa de sus padres en Guanajuato, México, intentó con mucho esfuerzo una nueva vida. La adaptación fue difícil sobretodo para las niñas que con 6 y 8 años no hablaban español y desconocían la cultura mexicana.

Las niñas sufrieron mucho la separación y el desarraigo de los Estados Unidos.  En la escuela les costaba mucho la adaptación debido a las constantes burlas y bullying por su forma de hablar.

Tanto fue el sufrimiento de las niñas que Monserrat decidió no enviarlas más a la escuela.

Durante este tiempo ella retomo la comunicación con su pareja, quien le proponía en reiteradas oportunidades volver a los Estados Unidos.

“En cada llamada telefónica él le juraba haber cambiado.”

Luego de 2 largos años en México y en los cuales Monserrat no recibió apoyo de ningún tipo -por parte de familiares o amigos- comienza a plantearse la idea de volver a los Estados Unidos.

Durante este momento recibe una llamada de su pareja diciéndole “que no intente más, que no cruce,  que ya lo nuestro se ha acabado” .

Convencida una vez más de que “del otro lado” la vida sería mejor -o menos peor- comienza su travesía rumbo a la frontera en Sonora, Mexicali.

En Mexicali pasó dos meses preparando lo que sería el cruce.

Luego de varios intentos frustrados -y en parte presionada por su pareja- Monserrat toma la decisión de enviar a sus niñas con un pariente de él. Para ellas sería más fácil cruzar ya que las niñas tienen nacionalidad americana. De esta manera -y sin saber que esa seria la ultima vez que las vería en persona- las sube a un carro rumbo a Los Angeles, lugar donde se el padre las esperaría.

        Mientras tanto Monserrat intentaría una vez más cruzar “al otro lado”. Esta vez cruzó por el Río Grande junto a otros migrantes solo protegida por una goma de camion.

       Puso toda su ropa en una bolsa y al llegar a la orilla se vistó rapidaménte y caminó unos metros.  La Policía fronteriza la detuvo. No hubo oportunidad de correr, de escapar.

“En ese momento vi pasar mi vida por delante, sentí que lo peor estaba por venir…”

Monserrat fue trasladada a un centro de detención en Texas, en un bunker de mujeres, allí es alojada con delincuentes comunes. Después de un mes de detención un juez le da la deportación a Ciudad Acuña, México.

“La convivencia junto a delincuente comunes, la mala alimentación y el aislamiento hicieron de esos días una pesadilla”.

Muy enferma, deshidratada -y sobretodo emocionalmente desmoronada- decide pasar unos días en su ciudad natal, Guanajuato.

Desde allí envía cientos de cartas a su pareja, a sus hijas, pero no logra respuesta alguna.

Desesperada decide irse a Tijuana a intentar una vez más cruzar la frontera con el objetivo de volver al menos tener contacto con sus hijas.

“ En Tijuana los coyotes (personas que cruzan ilegalmente a los migrantes) eran muy costosos, cruzar al otro lado costaba algo asi como 10 y 15 mil dólares”

Cuando estaba todo listo para cruzar decide dar marcha atrás, el miedo se apoderó completamente de ella y escapó lejos de los coyotes.

“ Tenia muchisimo miedo, pero la necesidad de encontrarme con mis hijas era más fuerte”

Desesperada  y sin otra alternativa Monserrat se establece temporalmente en Tijuana, lugar donde  busca ayuda. Fue en ese momento en donde conoce a Yolanda, una de las fundadoras de Madres soñadoras  organización que apoya y acompaña de diversas maneras a las madres como Monserrat que han atravesado o atraviesan un proceso de deportación.

Luego de un año Monserrat recibe una carta de su pareja  en la casa de su madre en Guanajuato pidiéndole por medio de un abogado la custodia total de las niñas en Estados Unidos.

A partir de ese momento comienza un proceso largo y penoso que la llevaría a a instancias legales.

Con apoyo de Madres Soñadoras, Monserrat consigue financiamiento para el abogado que acompañaría en todo el proceso judicial.

Monserrat consigue una audiencia por Skype, en donde las niñas y el padre se someten a las observaciones de un juez americano. Durante la misma -e influenciadas por su padre-las niñas-que para en ese entonces tenían 12 y 14 años- dieron un testimonio falso en contra de Monserrat.

A pesar de todo, Monserrat obtiene como resultado de la audiencia el derecho a visitas compartidas y a llamadas.

Esta resolución no fue suficiente para Monserrat puesto que el problema se presentaba debido que al tener un estatus de deportada el ingreso a los estados unidos es prohibido por lo que solo sería posible hablar telefónicamente con las niñas. Tampoco sería posible para las niñas salir a México ya que aún eran menores y para lograrlo se necesita autorización de un adulto.

Su entonces ex pareja nunca cumplio con el régimen de llamadas, y por algo más de un año Monserrat pierde completamente el contacto con sus hijas.

La única información con la que contaba era que su ex pareja había sido deportado y las niñas quedaron al cargo de su madrastra.

Al perder completamente el rastro de sus hijas Monserrat atravesó uno de los peores momentos de su vida. Pero no abandonó la lucha.

Gracias a las redes sociales pudo retomar el contacto- al menos virtual- con las niñas.

Madre e hijas hoy en día mantienen contacto por email, o mensajes por cuentas de Instagram pero aún resulta difícil debido que las niñas aún son menores  y todavía no pueden decidir por sí solas.

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